Ruta de Puno a Copacabana
La salida de Puno la hicimos a eso de las 5h30 de la mañana creyendo que habría menos tráfico por ser día domingo además, pero olvidamos que estamos en la frontera peruano-boliviana y aquí la gente a las 5 ya anda por las calles para ir a trabajar. El sol se levanta muy temprano y aquí no hacen cambios de horarios durante el año.
Los domingos hay mercados en las ciudades mas importantes, por lo tanto nuestro recorrido estuvo bien decorado de frutas, ganado, verduras al pasar por los principales pueblos del borde del lago Titicaca.
La ruta no esta en muy estado, sin embargo creemos que así es mejor para evitar los excesos de velocidad de los choferes de minibuses que piensan que con un bocinazo pueden borrarnos de la pista.
Aprovechando que con mis manos puedo “comunicarme” mientras Ben sostiene el manubrio, intento demostrar con la mano izquierda que necesitamos espacio, moviendo el brazo de adelante a atras muchas veces. En ocasiones da buenos resultados y los autos nos dan espacio, en otras nos bocinean… y yo me “comunico” de otra forma con la mano…lenguaje corporal.
Llegando a Ilave a mediodía, decidimos pararnos, el pueblito es muy pintoresco, la gente amable y curiosa por nuestra bici y las nubes amenazan con un aguacero.
Dormimos en Ilave, en donde hicimos una siesta enorme mientras afuera llovía a baldes… hay que saber cuando parar.
A la mañana siguiente, salimos de Ilave hacia Yunguyo, siempre pedaleando por el altiplano a 3.800 msnm en promedio con vista permanente al lago Titicaca. Jornada tranquila, con ruta en buen estado y con poco trafico para tratarse de una ruta internacional. En Yunguyo, nos soprende la tranquilidad que se respira y la confianza que se siente en esta pequeña localidad. Antes de irnos hacia la frontera disfrutamos de un rico jugo natural en los puestos que se ponen en las calles, con jugueras, sacajugos y unas bancas.
Nos llama la atencion un chico peinado a la gomina hacia al lado, de no mas de 7 años que al bajarse de la bicitaxi (un excelente medio de transporte), cancela su pasaje -algo asi como 150 pesos chilenos (20 centavos de euro)-, se mete las manos al bolsillo, cuenta las monedas, se sienta junto a nosotros pide su vaso de leche con platano, lo paga, lo toma y se va. Era como ver un viejito chico, con su uniforme de corbata y traje que sabe de donde viene y para donde va. Yunguyo, nos queda en la memoria como una de las mejores ciudades fronterizas que hemos pisado.
Saliendo de Yunguyo, estamos al lado de la frontera boliviana. Unas cuantas pedaleadas y ya estamos en el pais de Evo. El paso es muy rapido, pero nos advierten que el cruce de Tiquina esta cerrado hace algunos dias por manifestaciones con los comuneros. A nosotros no nos afecta tanto, pues queremos quedarnos unos dias en Copacabana.
La ruta de la frontera a Copacabana se va abriendo hacia el Titicaca, son ocho kilometros tranquilos con una cuesta chiquita que lleva hasta un punto en donde el lago se muestra en todo su esplendor junto a la bahía. El agua azul y las rocas hacen pensar en Grecia. Nuestra bici se apresura para mirar mas de cerca esta maravilla.
En Copacabana nos quedamos un par de días, hacemos de “turistas”, cruzamos en bote a la Isla del Sol – lugar en donde cuenta la leyenda naciera el primer Inca-, paseamos por la pampa y luego de nuestra placentera estadia, el conflicto con los lancheros del Estrecho de Tiquina se soluciona y nosotros podemos cruzar sin problemas.
La carretera entre Copacabana y Tiquina es una de las mejores de Bolivia. Recientemente asfaltada, lisa con vistas espectaculares del Titicaca y de las comunidades que allí habitan, con puertos a 4.250 msnm, muy pocos autos. Espectacular. Ni siquiera la tormenta que nos acompañó los primeros 10 kilometros pudo opacar el magnifico espectaculo de la naturaleza. Desde lo alto de las colinas podíamos ver los rayos eléctricos que se descargaban hacia La Paz, una vez que la lluvia se fue, pudimos ver un arcoiris y nuevamente el lago con su azul intenso.