En aquella alba inmensidad no se pedalea, se navega.
Algunos dicen que para llegar al paraiso, hay que pasar primero por ciertas vicisitudes. Esta no es la excepcion. La ruta entre Uyuni y Colchani es HORRIBLE. La calamina no deja ir sobre la bicicleta a fuerza de tanto salto. El camino se ha ido transformando en una oleada de tierra y arena. A veces nos bajamos para no cabalgar sobre Miel. Pedaleamos unos minutos y nos caemos a bancos de arena con la bici. Al intentar buscar rutas anexas terminamos haciendo 26 kilometros entre ambos pueblos.
Es por eso que cuando llegamos a la entrada del salar, encontramos que el camino es lo mas parecido a una verdadera ruta perfecta de cicloviajeros. El salar se va abriendo poco a poco, nuestra intencion no es pedalear luego de mediodia y a pesar que sabemos que se puede ir en un día desde Uyuni a Isla Incahuasi, nosotros preferimos hacer la pausa en Hotel de Sal para disfrutar del paisaje y ese silencio blanco inspirador.
A lo lejos, vemos un edificio en medio de la nada, las ilusiones opticas son aqui una realidad. Puedes ver lo que piensas ver. No hay arriba ni abajo, pequeño o grande, lejos o cerca, solamente una union perfecta de dos elementos naturales: El SOL y LA SAL.
El gran edificio que se encuentra a unos 15 kilometros de Colchani, era el hotel de sal que en verdad es una casita construida de bloques de sal de un piso, no tan grande que al interior contiene estatuas, camas, sillas, mesas…de sal.
Este hotel fue el primero en su estilo, pero ahora existen otros que se llevan la clientela pues son mas modernos y lujosos. Por lo tanto, sobrevive principalmente gracias a su tiendita que vende chocolates, cervezas y artesanias justo en mitad de camino de los innumerables tours de diferentes agencias.
Rosa Maria y Orlando trabajan hace dos meses y pronto ya volveran a sus vidas en Caranavi, al norte de La Paz. Esta joven pareja llego aquí sin saber exactamente donde estaba ubicado el hotel. Una vez en medio del Salar y de varias horas de bus, no les quedo otra que quedarse a trabajar en medio de la nada, pero con la suerte de ver un desfile permanente de gringos con cara de jaiba que vienen en 4×4 apretados como sardinas, todo un espectaculo.
Buscandole el lado positivo, se han quedado aqui todo este tiempo esperando que algunos dias hayan personas simpaticas para conversar un poco o sacar fotos artisticas jugando con los efectos del salar.
Junto a ellos compartimos nuestros alimentos, almorzamos y luego pasamos la tarde jugando cartas, a la pelota, damas y ajedrez. Siempre y cuando no llegaran turistas en masa para visitar el museo de estatuas de sal y ellos se fueran a trabajar y a atender a los clientes.
A la mañana siguiente, el sol nos despertaba a las 5 y luego de comer panetone subimos arriba de Miel para pedalear los casi 70 kilometros que nos separaban de Isla Incahuasi o también conocida como Isla del Pescado. Después de pedalear 35 kilometros podiamos divisar un punto en el horizonte en nuestra direccion. A los 50 km. podiamos ver un objeto ovalado similar a un OVNI posado en tierra. A los 60 km. una porcion de tierra rodeada de sal a la cual le faltaban los dos extremos. Las formas cambian y la mirada también en esta gran superficie que hace cientos de siglos fue un océano.
El blanco del salar se hizo mas intenso y el momento de hacer una sesion potografica vino, afuera la ropa, arriba las manos, solo nosotros, la bici y el blanco. Bueno, un satelite nos hizo la guardia quizas. A los 65 km. los cactus milenarios nos saludaban desde lo alto… ya habiamos llegado.
La Isla Incahuasi es un regalo divino, en medio de aquel mar de sal un tumulto de tierra da vida a una poblacion de cactus desde hace mas de mil años. Don Alfredo y su esposa, Aurelia llegaron aqui hace casi ya dos décadas. Desde su llegada hasta hoy, muchas cosas han cambiado. Al inicio, era una vida casi de ermitaños, en la actualidad comparten la isla con otras diez personas que trabajan aqui, entre la boleteria y mantencion del parque y en el restaurante Mongo’s.
Durante el dia, las caravanas de 4×4 y turistas ruidosos se suceden unos tras otros. Las mismas poses en los mismos lugares. Las mismas fotos con diferentes rostros, unos minutos mas tarde, otros llegan haciendo lo mismo que los precedentes creyento ser los primeros…déja vu permanente para nosotros que somos espectadores desde el albergue de la isla destinado exclusivamente a viajeros a pié, en bici o en moto.
Una suerte increible, un lugar magnifico. La isla cuenta con una habitacion de ernomes vitrales con vista al salar en toda su magnitud. Hacia el oeste para ver el atardecer confortablemente…un sueño en una noche de verano boliviano. El precio es casi simbolico (20 bolivianos, 2 euros, 1500 pesos chilenos por persona), con derecho a los servicios higienicos del parque. Un libro de visitas se nos presenta para escribir unas palabras a los habitantes de la isla. Lamentablemente Don Alfredo no estaba, solamente alcanzamos a intercambiar algunas palabras, pues él iba a ver sus llamas a la sierra.
Vimos el atardecer, jugamos con Francisca -la hembra ñandu que se pasea por la isla comiendo restos de pan, galletas y otros restos de picnic-, caminando despedimos y saludamos al sol desde este lugar unico y magico del mundo…
Hola
No ablar espanol. No entiendo.
Las fotos de Bolivia son bellas.
Je ne comprend pas trop les textes et je n’ai pas de comptes Facebook pour mettre des commentaires sur vos photos, mais elles sont belles. En plus on reconnait plein d’endroit où on est passé (frontière Pérou/Bolivie, Copocabana, La Paz, L’Isla del Pescado sur le Salar…), de bons souvenir.
Profitez en bien et bon retour à Valparaiso.
A+
Rudy
PS: 2 matchs gagnés sur 3, Ben tu manques à l’équipe, la bonne ambiance est de retour en plus!
Oups, j’ai balancé les “S” au hasard ya en où faudrait pas et yen manque ailleurs! désolé