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Catamayo-Sozoranga

Catamayo- Gonzanama – Cariamanga- Sozoranga

Domingo por la mañana, salimos de Loja en direccion Catamayo. Trafico relativamente escaso, lo cual nos permite pedalear tranquilos debajo del sol quemante que a eso de las 11 de la mañana entraba en nuestra piel a fuego. Al terminar la subida (enorme) comenzamos un suave descenso hacia Catamayo, sesenta kilometros por hora en una estupenda ruta.

Un exquisito almuerzo en Catamayo nos permite seguir rumbo hacia Gonzanama, un rio en medio del valle nos detiene por un rato y nos hace tomar un descanso, mientras los mosquitos se dan un banquete con mis piernas y me dejan al menos treinta picadas por extremidad, las que luego pican y no me dejan dormir por dos noches.

En medio de la tarde, la lluvia torrencial nos hace bajar de la bici y continuar caminando al lado de ella durante kilometros, mientras vemos como la basura lanzada desde los autos se va acumulando en las veras de los caminos empujada por los caudales de agua.

La lluvia baja en intensidad, pero sigue mojando. Logramos seguir pedaleando y luego de una tarde muy agotadora debido a la lluvia y a las cuestas llegamos a la pequeña ciudad de Gonzanama. Alli dormimos en una residencial por 7 dolares los dos (cama matrimonial, baño, agua caliente y tele). La comida en Ecuador cuesta muy barata, por un dolar y cincuenta centavos el almuerzo es completo. Repusimos fuerzas y por la mañana siguiente continuamos rumbo a Sozoranga.

El camino nuevamente nos llevaba a bajar y subir, hasta que luego de Cariamanga ya empezo solamente a subir. Si creiamos que estabamos en la cima del valle, nos equivocamos a cada curva del camino cuando veiamos que el proximo puerto estaba mucho mas alto que el anterior. El valle empieza a abrirse y trepamos cada vez mas por la montaña.

Inutil es preguntar a los habitantes del lugar si queda mucho para el fin de la subida, la respuesta siempre se abrevia en un : schiuuuuuu, que nos hace suponer que es de “chuuuta, es muy lejos aun”.
Vemos como el camino se dibuja en medio de la montaña, yo no me creo capaz de subir mas, pero poco a poco lo vamos logrando juntos.

Empieza a irse el sol, tenemos frio y el cansancio nos hace estar de mal humor. Mis zapatos todavia estan humedos del dia anterior, pese a que los puse a secar detras de las alforjas. Al ponermelos siento los dedos de mis pies estar entumecidos. Me empiezo a abrigar en medio de una curva cuando una camioneta se para al lado nuestro, es Mario Portilla, un ingeniero especialista en orquideas de Ecuador que se detiene pensando que éramos otros ciclistas (nuestros amigos que habiamos dejado en Cuenca). Iba en su camioneta rumbo a Macara y decide ayudarnos empujandonos unos kilometros arriba y otros abajo hasta Sozoranga. Su conversacion realmente interesante nos permitio percatarnos de la existencia de orquideas en su estado natural, habitando en los troncos de los arboles, pero sobre todo del gran descubrimiento de Benjamin: la carne humana. Esta es una planta medicinal de seis hojas utlizada por los incas para sanar heridas. El nombre le encanta a Benjamin, quien se saca fotos comiendo de la hojita para luego explicar que : Comio carne humana!!

En Sozoranga, nos explica Mario, no hay hostales, pero que puede ver si una de sus clientas puede prestarnos su terreno. Entre sacar la bici y los bolsos de la camioneta, un vecino se acerca a preguntarnos de donde venimos, donde vamos, la bici, nosotros y en quince minutos ya nos estaba invitando a dormir a su casa, justo en frente.

Alfonso y su familia, son esas sorpresas que se nos presentan en el camino. En minutos todo cambia y lo que era un punto en el mapa se transforma en el lugar en donde viven nuevos amigos: Sozoranga, donde viven Alfonso, Teddy, Johanna y Diego. No solamente nos ofrecieron un techo para pasar la noche, sino que nos hicieron a comer y nos dieron desayuno. Johanna quiere estudiar idiomas cuando salga del colegio y Diego quiere ser chofer de metro. Aunque nosotros le vemos mas talento para guia turistico o diplomatico, pues gracias a él conocimos todos los rincones de Sozoranga: sus escaleras sus cuatro panaderias, su escuela, su iglesia, la plaza, el cuartel de la policia con los “dos” autos robados que estan alli hace meses. Pero para Diego, es su ciudad, quizas algun dia haya un metro hasta Quito. Por qué no? alli viven todos sus amigos, saluda a medio mundo, conoce los nombres de todos y misteriosamente con sus siete años, saluda a todos menos a las chicas que juegan en la calle. Diego, es un niño alegre y curioso. A la mañana siguiente, llega en limusina a la escuela, Benjamin lo sube arriba del tandem y como no alcanza los pedales se va detras de la parrilla, parece toda una estrella de cine llegando con chofer delante de sus compañeros de clase.

Al regresar de la escuela, Benjamin es parado por un señor que piensa que es un taxi y le pide ir detras del tandem hasta el centro, lo malo es que curioseando por el cuentakilometros puso el dedo en el boton de “reset” y nos borro todo el kilometraje y la hora de la maquinita. Definitivamente, el tandem causa sensacion.


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