Panama
Luego del paso fronterizo, volvemos a encontrarnos con la realidad centroamericana de mendicidad infantil que creiamos olvidada luego de nuestro paso por Costa Rica. “Comprame algo” nos grita a la cara un chico de unos 10 años en el centro de Changuinola.
Ante nuestra respuesta negativa, nos sigue con un “Dame una moneda”. Mientras Benjamin busca hospedaje, me quedo con el chico y le explico que no le daremos dinero.
- Para qué quieres el dinero? -le pregunto en un tono seco, pues veo que a pesar de su corta edad actua como un mendigo adulto con ademanes aprendidos y falsos.
- Comprame algo- me responde como un automata, sin reflexionar, sin pensar, como un guion que le enseño su madre o padre para que lleve dinero a casa.
Le miro a los ojos y me esquiva la mirada, no le puedo dar un sermon, pero le digo que a su edad el dinero no deberia tener ninguna importancia y que nosotros no le daremos monedas porque él lo exige. No me escucha y me repite dos veces mas: dame dinero, dame dinero.
A la mañana siguiente, empezamos una montaña rusa de colinas indomables. El camino hacia Almirante segun el mapa se encuentra a orillas del mar. En la realidad, el camino dibuja cada una de las colinas desde sus cimas. La ruta es extenuante, el calor humedo y las cuestas que suben y no bajan. Vemos el mar desde las alturas y de pronto las curvas empiezan un descenso rapido y refrescante. Llegamos a Almirante, un pequeño pueblo donde el puerto es el punto principal.
Nuestra idea era cruzar hasta la isla Colon y desde alli ir en otra barcaza hacia el sur de Panama por el lado Atlantico, pero los barcos hacen el trayecto de ida y vuelta solamente desde y hasta Almirante. Nuestros ahorros en paises donde el dolar es moneda nacional se deslizan rapidamente. La idea de pedalear por la panamericana plagada de camiones cargados que se dirigen al Canal en verdaderas caravanas no nos interesa. No hay vias secundarias, solamente una carretera que une Panama de norte a sur.
Llegamos a Ciudad de Panama, icono de lo que puede ocurrir en una ciudad en donde el “urbanismo” fue ideado desde la oficina de un inversionista junto a sus contadores. La ciudad esta rodeada de autopistas que no dejan la posibilidad de creer que un peaton podria cruzar vivo caminando. Al lado de eso, los barrios “peligrosos” que toda la gente teme y nadie se acerca, solamente a través de las noticias de tiroteos en la television, claro.
En ese ambiente de grandes toneladas de cemento enclavadas en el suelo, con puentes y rampas que salen y entran sin ninguna estética, es imposible caminar, menos pedalear. La gente no anda en bicicleta, porque el trafico es infernal, pero sobre todo por el miedo que tienen de que les roben.
Una vez que se logra entrar en la fortaleza, existen dos mundos contiguos irracionalmente diversos. Al sur de la ciudad, el orgullo panameño, la zona de rascacielos, grandes empresas transnacionales,muchos guardias de seguridad, hoteles de lujo, casinos, restaurantes finos, club de yates y areas verdes para realizar trotes, bicicleta, patinaje. Se diria que es el Miami de Centroamérica. Detras de los rascacielos se encuentran las ruinas de Panama Viejo, testimonio de los zaqueos de piratas ocurridos durante los primeros años de la colonizacion española.

Del lado norte, el casco antiguo de la ciudad. Hermosas construcciones del siglo XIX en vias de ser reconstruidas y otras, con menos suerte, casi demolidas. Una de estas casas es el palacio presidencial,es por ello que el barrio se vuelve relativamente seguro para poder sacar la camara fotografica y hacer algunas tomas.
Sin embargo, por cada calle de este barrio existen dos casas remodeladas y ocho en ruinas, cayendose a pedazos o con balcones que es preferible evitar pasar por debajo. Resulta dificil comprender que un barrio en pleno apogeo hace un siglo permanezca a la deriva, esperando reactivarse gracias a visionarios empresarios que inviertan en él con fines turisticos.
Los méritos historicos de este lado de la ciudad de Panama estan a la vista, pero la carencia de recursos estatales para recuperar este espacio es deprimente.
A un costado del casco antiguo, no nos fue facil transitar, la gente no nos saluda con un Hola!, sino que nos dice CUIDADO!
La sensacion de inseguridad crece inconscientemente. No es facil caminar una cuadra y escuchar “cuidado” al menos tres veces en menos de cien metros. Cuidarse, protegerse, encerrarse, parece la consigna.
Nuestra busqueda de barco que cruce hacia América del Sur parece eterna en este ambiente. Vamos de un lado a otro, buscando agencias de aduanas, yates, dueños de embarcaciones. Nada. Nuestra idea era encontrar un barco cargo que permitiese subir a bordo con la bicicleta y arreglar los costos con el capitan. Sin embargo, este proyecto suena surrealista en nuestra época. Los cargueros no permiten tripulacion a bordo y si éste fuera el caso, cuesta 100 dolares por dia y el trato se sella antes de que el barco zarpe desde su lugar de origen.
Luego intentamos con los yates (hermoso el paseo que hicieron desde Balboa para unir las islas). Nos sorprendio una tempestad de viento y arena. En el bar del club de yates hay un panel para poner avisos de busqueda de barco o de tripulantes. Lamentablemente, hay decenas de anuncios como el nuestro y ninguno ofreciendo cruzar.
Los dias pasan, buscamos y se van cerrando las posibilidades. Existen barcazas “turisticas” que ofrecen este servicio para mochileros y viajeros saliendo desde Colon y entrando a Colombia por Cartagena, el trayecto dura alrededor de una semana, parando en islas paradisiacas como San Blas y otras reservas indigenas Kuna, con comida a bordo, fiesta y entretencion. Desgraciadamente el costo es muy elevado para nosotros (400 dolares por persona mas la bici, serian como mil dolares , demasiado alejado de nuestro presupuesto).
También estan las barcazas de abastecimiento de las islas, los propietarios son particulares y van haciendo paradas en cada isla. Pueden tardar cinco, siete o diez dias y al final te dejan en Puerto Obaldia (Panama) que es un caserio en donde “a veces” hay lanchas para cruzar a Turbo en Colombia. Esto te puede costar mas barato que las barcazas turisticas, pero nadie te asegura que para cruzar a Turbo no te van a gringuear y pedir el doble. Sin contar los problemas de narcotrafico que ocurre en ocasiones y el embrollo de hacer los papeleos con la aduana para salir, debido a que las oficinas abren solamente de lunes a viernes y si la barcaza zarpa en fin de semana no se puede sellar la salida en el pasaporte. Que se puede hacer, se puede, pero esta aventura la dejaremos pendiente para otro viaje.
Nos fuimos a Colon, pues al parecer desde alli podriamos tener mejor suerte con los barcos. Mala idea. No conseguimos nada. La ciudad completa es “peligrosa”, tanto asi que dos policias amablemente nos escoltaron en una esquina para evitar dejarnos solos y que sufrieramos algun asalto. De hecho, cada vez que ven un turista con “cara de gringo” como es el caso de Benjamin, los policias vienen a acompañarles.
Llamabamos tanto la atencion que luego de diez minutos dos periodistas vinieron a hacernos entrevistas para sus respectivos diarios. Aqui el link de una de las entrevistas
http://www.midiario.com/history/2009/09/17/mi_pais_4.asp

Por Hospitality Club habiamos contactado con José Antonio, un colonense muy simpatico que se comprometio a ayudarnos y orientarnos en esta busqueda. Compartimos con él en uno de los clubes de los tres puertos de Colon donde nos llevo pensando que podria contactar a alguien para cruzar,pero tampoco tuvo suerte.
Al dia siguiente por la mañana la respuesta vino rapida, por aerolineas “aires” de Colombia, habian pasajes a 99 dolares por persona. No teniamos mas opciones y ésta era la mas economica que habiamos escuchado, asi es que compramos rapidamente los billetesen internet y partimos de regreso a Ciudad de Panama donde dormimos en el aeropuerto. Asi pudimos solucionar el problema que significa la ausencia de una ruta terrestre entre dos paises tan importantes.