
Ahhhh, los paises andinos, ya me siento en casa. La amabilidad de los ecuatorianos nos gusta mucho. Nos hablan con suavidad y muy abiertos a conversar. Cerca de la frontera se encuentra la primera ciudad ecuatoriana, Tulcan. Alli nos recomiendan pasar al cementerio, pues es Patrimonio Cultural de Ecuador. Grandes esculturas verdes trabajadas en ciprés nos dan la bienvenida.
Continuamos rumbo a San Gabriel,como habiamos planeado. Sin embargo, Miel empezo a quejarse, al parecer un problema con el eje, se abrio un poco y al entrar tierra, ésta empezo a dañar seriamente el sistema. Cada pedaleada era un grito desesperado de nuestra pobre chica adolorida. Crunch crunch crunch. Llegando a Julio Andrade, una localidad a 20 km de Tulcan nuestra tandem nos hizo un paro de pedales caidos. Paramos tres veces intentando engrasar lo que mas podiamos,verificando las ruedas, el peso, nada. Miel no podia avanzar. Nos quedamos a la vera del camino unos minutos y cuando pensabamos seguir caminando junto a ella, dos angelitos nos cayeron del cielo: Freddy y Piedad.
Este matrimonio nos habia visto por la mañana en Ipiales, cuando ellos iban hacia alla, ahora al vernos nuevamente ya de regreso y vernos sin pedalear se inquietaron, pararon y nos ofrecieron ayuda. Todos los martes Freddy hace este trayecto para recuperar los periodicos que no se venden en los pueblitos y también para cobrar, pues es el administador. Su mujer, le acompaña a menudo para no quedarse en casa sola. Freddy nos ofrecio llevarnos al taller mas cercano, pero ante el asombro del mecanico al ver la tandem, supusimos que no se atrevian a meter mano alli. Lo mismo paso con el mecanico del otro pueblo. Ante el panorama, Freddy y Piedad no nos querian dejar a la deriva sin solucion y nos propusieron llevarnos hasta Ibarra, donde seguramente habria un buen taller de bicis para mejorar a Miel.
Asi fue como junto a ellos recorrimos los primeros pueblitos de Ecuador. A cada parada, nos iban contando un poco de su pais, de su familia, de sus vidas. Asi pronto llegamos a Ibarra, luego de pasar por montes, valles y paisajes hermosos. Nos llevaron a un buen taller en donde a su vez, nos recomendaron otro que podia ayudarnos. Luego nos acompañaron a buscar hotel, siempre con una gran sonrisa y solidaridad sin igual.
Al terminar este dia lleno de sorpresas y de imprevistos, los cuatro fuimos a compartir no solamente una comida, sino la alegria de haberse cruzado en el camino. Asi es la amistad en la ruta.