Era la historia de una pequeña niña que con un clavo quiso dibujar un corazón en la carrocería de la camineta nueva de su padre.
El hombre al ver como su “joyita” estaba dañada y al ver a la joven decoradora con el arma del delito, no encontró nada mejor que amarrar sus manos con un alambre y atarla a un árbol durante horas.
Cuando era de noche fue a buscarla, pero su hija estaba tan débil que debieron llevarla al hospital en donde cortaron sus manos producto de las heridas.
El tiempo pasó, el hombre obsesionado por la pintura de su camioneta pintaba las huellas que había dejado el lapiz-clavo, cuando su hija le preguntó si podría dibujarle un par de manitos para ella. Ante la inocente pregunta el hombre sacó su arma y se mató.
No sé si la historia es real o ficción, lo cierto es que acompañada de una melodía festiva hasta se podría bailar animadamente, pues se trata de una ranchera mexicana.
Las letras de las famosas rancheras no son solamente himnos al amor desventurado, sino que verdaderas historias macabras de asesinatos, violencia intra-familiar, femicidios y suicidios varios
¿Cruel reflejo de la realidad del hampa mexicano? ¿Página policial de un diario amarillista? ¿Música popular?
Ay, ay, ay, ay canta y no llores porque cantando se alegran cielito lindo los corazones.