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Las montanas de Guatemala

Posted by on 23 Agosto 2009

Cuando era niña imaginaba que las montañas eran gigantes que se habian dormido y cubierto de vegetacion durante aquel largo sueño.  Si hubiese nacido en Guatemala, quizas habria tenido la misma teoria. Con la gran diferencia que estos gigantes no estan recostados sobre la hierba, sino sentados en posicion de loto.
Estas montanas parecen infranqueables. Enormes muros verdes donde la ruta es un delgado hilo de tierra que al dibujar el camino pasa haciendo cosquillas en las piernas y hombros  de los dormidos.
El mapa muestra la ruta entre Huehuetenango y Tactic con suntuosos desniveles. Al rodar, la ruta se muestra en su esplendor y nos vamos preguntando como el asfalto ha podido modelar las siluetas de estas deidades somnolientas,con sus curvas de arena, gluteos de roca y senos de tierra.
Hace un dia salimos de Huehuetenango, dormimos en Sacapulas y pensamos llegar a Uspantan.

A mediodia habiamos llegado a Cunén. Toda la manana para diecinueve kilometros de ascenso. La lluvia comienza a caer en nuestros pies que luchan contra la pendiente y sobre nuestros brazos que van empujando a nuestra bicicleta hacia la cabellera de una de nuestras colosas.
Una camioneta nos para. Subimos a Miel arriba y Benjamin se queda con ella. Alfonso, es topografo. Conoce las curvas de esta carretera como las de su mujer. Me cuenta que hace este recorrido cada quince dias y que nuestra ruta posee un tramo en donde todo desaparecio.
Es dificil para nosotros comprender que a causa de un derrumbe la ruta no existe. Sin embargo, nuestro amigo Alfonso nos explica que fueron mas de diez mil toneladas de tierra, roca y arena que al colapsar, destruyeron todo a su paso seis kilometros montana abajo.
Los informes oficiales hablan de menos de un centenar de muertos entre los dos grandes derrumbes. Los habitantes del sector hablan de cerca de doscientos, entre campesinos que vivian en el poblado, cuadrillas que trabajaban en los cafetales de otras aldeas, pasajeros y choferes de minibuses que pasaban por el sector.
Es dificil imaginar un escenario tan tragico, pero Alfonso nos advierte: No podran pasar solos. Estamos con él y tenemos oidos para escuchar los consejos. Cruzaremos en su camioneta el sector del derrumbe.

Un aguacero nos sorprende mientras Alfonso visita a su familia a unos kilometros mas abajo del derrumbe. La conversacion con su cunado y sobrinos es agradable. La lluvia cae, el rio viene cargado. Sin embargo, nos dicen que el rio esta “taponeado” arriba, pues no se ha sacado del lecho los sedimentos que trajo el derrumbe.

Una hora mas tarde continuamos subiendo por esta montana decapitada, no es posible imaginar la magnitud del fenomeno hasta que estamos a unos kilometros de la tragedia. La carretera empieza a enlodarse y ya no se ve el asfalto. A menudo preguntamos si fue alli el derrumbe. La respuesta se ve en la cara de nuestro amigo. No tenemos idea de lo que es un derrumbe de mas de diez toneladas.

A una decena de kilometros nuestros ojos ven la colosal herida del gigante. Letreros que anuncian el derrumbe nos advierten del peligro. Un cartel que nos anuncia la opinion del gobierno con palabras similares a estas: “Toda persona que traspase la zona de riesgo lo hace a su propia cuenta “.
Nos queda claro que las razones para traspasar la zona del derrumbe no son turisticas ni de entretenimiento, sino de supervivencia para las centenas de familias que deben ir a trabajar la tierra del otro lado, vender sus hortalizas, ir al médico, comprar sus viveres. Ocupaciones diarias de las que dependen para vivir y que cruzar es un deber y no una eleccion. No hay mas ruta, los campesinos cruzan el barranco aunque sea caminando y cargados hasta con 100 kilos en la espalda. Segun los diarios locales, eso es desobedecer las recomendaciones del gobierno. Para nuestros ojos, eso es un capitan que abandona el barco ante la tempestad.

La camioneta de Alfonso es una 4×4 y definitivamente aqui este tipo de automovil no se usa para ir al supermercado. La pendiente cae abrupta hacia un camino de lodo y de agua. A los bordes la vegetacion semi-tropical no ayuda como muro de contencion, sino al contrario: sirve de trampolin hacia la selva espesa. Pasamos por una espesa taza de chocolate que deja pasar a cuartro mujeres que llevan jarros de agua sobre sus cabezas.

Bajamos delicadamente y en el rostro de Alfonso se observa la tension, la concentracion y la preocupacion por él y sus companeros de cuadrilla que van en la camioneta que nos precede.

Llegamos al punto de quiebre. Una quebrada en permanente movimiento de tierra, la lluvia que cayo hace un par de horas no ayuda en nada. Se ha formado un pequeno rio de lodo por el cual se debe atravesar entre lo que queda del aluvion y el precipicio. Tengo miedo, me aferro a mi esposo, oro y espero que el tiempo pase pronto. Diez minutos que nos separan de la tranquilidad, de la calma, de la vida cotidiana que llevamos.

La retroescavadora trabaja. Una fila de 12 camionetas; autos y camiones delante nuestro. Todo avanza en camara lenta, menos las piedras que se mueven a un costado del precipicio. Alfonso, piensa en voz alta una oracion. Por si fuera poco, una densa neblina comienza a subir desde las profundidades de la grieta que llega al rio a mas de 3000 metros montana abajo.

Saco mi camara fotografica y en esas nubes pierdo mi conciencia. Solamente puedo dejar las imagenes en mi cabeza, Guardo en mi mente los enormes pies desnudos y grises de un hombre que nos mira con un rictus de dolor grabado en la piel. Veo mujeres y ninos que esperan su turno para pasar,. Los choferes de minibuses  que viven el mismo via crucis dos, cuatro, seis veces cada jornada con la misma resignacion que ven los dias pasar sabiendo que no hay solucion para el problema. Los camiones que hacen rugir sus motores en plena batalla por ganarle al abismo. La basura al borde del camino. El sol que asoma sus ultimos rayos entre las nubes que se elevan para desaparecer… como la montana.

Fotos:

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